-Qué haces ahí como bulto?? Ve y disfruta la vida!! cuando menos te des cuenta serás viejo como yo y te arrepentirás de perder el tiempo.
El joven se sorprendió un poco por el tono gruñon del anciano, echó un vistazo más a su alrededor, esbozó una sonrisa para contestar:
-Espero al amor, sé que vendrá, sólo necesito un poco de paciencia. El amor es el motor de mi mundo, no pierdo el tiempo, solo espero un poco.
El anciano rememoró su juventud en un instante, él también creía en el amor, su basta experiencia le había hecho saberse de memoria que el amor no existía, en tono burlón y mucho más molesto por la ingenuidad del chico exclamó:
-Me demuestras aun más tu perdida de tiempo, el amor no existe, es sólo ilusión, ahí sentado lo único que esperas es un milagro, nunca sucederá, deja ya de soñar y aprovecha tu vida.
El joven un poco confundido por la amargura del anciano no supo que decir, vio sólo como se marchaba el hombre a paso lento, y continuó buscando a su alrededor.
Pasadas un par de horas el chico había mirado caminar a cientos de personas, algunas lo miraban extrañados, llevaba rato ahí, podría ser lógico que pensaran lo mismo que el anciano, y poco a poco el joven comenzaba a creer en las palabras de aquel hombre, tal vez tenía razón, tal vez el amor no existía y tendría que dejar de perder el tiempo.
En eso estaba cuando de pronto se acercó un grupo de chicos, lo habían observado hace tiempo y decidieron preguntarle que hacía ahí.
El joven que no tenia ánimos de las posibles burlas de los chicos se limitó a contestar:
-Espero un milagro.

Algunos sonrieron y se dieron la vuelta de inmediato, otros pensaron que se trataba de una broma y continuaron esperando respuesta, al darse cuenta que no había otra se marcharon pensando que el tipo estaba loco.
La luna cubrió la ciudad con una luz tenue, el aire fresco rozaba el rostro del chico, que comenzaba a perderse en una profunda desilusion, pensaba en por qué habría tenido esa tonta idea de encontrar el amor, el anciano tenia razón, él debía saberlo, ya lo había vivido, por qué no le hizo caso.
Se puso la sudadera que lo había acompañado echada a su lado en su espera infructuosa, miró por ultima vez la luna con demasiada melancolía, se levanto y comenzó su camino a casa.
Con la mirada baja y la pesadumbre de su derrota personal caminó un par de cuadras, de pronto se encontró con una chica, sentada en la banqueta, con los ojos llenos de lágrimas a punto de explotar, se acercó, se sentó a su lado y recordando las palabras del anciano preguntó:
-Qué haces aquí? es tarde, aun no dejas de perder el tiempo?
La chica con una voz cansada y tímida pero amistosa, miró a los ojos al chico, y sonrió al contestar:
-No pierdo el tiempo, soy paciente, sólo estoy esperando un milagro.
Orquidea.

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